Negro pollón y los 7 leñadores
La culpa es de Rob | 13 diciembre 2009Hoy en "Cuentos de ayer, hoy y siempre", os traigo la historia de Negropollón, que a pesar del pollón es mucho más princesa que cualquier princesa Disney. Si no, mirad la pose en la que duerme y cómo tiene decorada la cabecera de la cama.
Resulta que hay una marica mala que va de reina y de villana y que en realidad lo que es, es una señora que no sabe maquillarse. Como ya ha cumplido los cuarenta y muchos y no sabe que hacer con su vida, en lugar de ponerse a escribir un blog y criticar a todo el mundo, como hacen otras, ésta prefiere ocupar su tiempo preguntándole a un ordenador del año 1993, por lo menos, que quién es el chico más guapo del mundo, esperando que el ordenador le mienta.
Pero claro, el ordenador se lo deja claro. Que quién mola en estos momentos en Negropollón.
El cabreo que se coge la marica mala es pequeño, vamos, y llama a un cazador/soldado/militar que conoció una noche en el Strong para 1) tirárselo y 2) ordenarle que mate a Negropollón.
Como el cazador/soldado/militar es medio tonto, porque la sangre que le riega el rabo, esa ya no le puede regar el cerebro, pues hace caso y va al bosque, donde nuestra entrañable princesita de ébano duerme. Y le pone un cuchillo en el cuello. ¡El cuento llega a uno de sus momentos de máxima tensión!
Pero el encanto de Negropollón consigue que el cazador/soldado/militar, vamos, el del Strong, le perdone la vida. Y ya que están, follan.
En ese mismo momento, no muy lejos, unos leñadores trabajan en el bosque. Bueno, si os fijáis hay dos de ellos que se están dando el lote, pero supongo que es porque estarán en su tiempo de descanso.
Son los leñadores que viven en la casita a la que Negropollón llega huyendo de...bueno, no huye de nada, pero es a la que llega después del polvo con el tío que lo quería matar. Por el camino ha recogido flores (!!!) y como la casa está hecha unos zorros, se pone a limpiar. Si es que es más maricón que un palomo cojo.
De tanto limpiar, se queda dormido encima de la mesa. La productora no tenía dinero para comprar camas, se lo gastó todo en los decorados hiperrealistas. Los leñadores llegan y se lo encuentran ahí tan a gusto, con medio culo asomando de la faldita. Y le invitan a cenar.
Otra cosa no, pero Negropollón se integra la mar de bien y se hace superamigo de los leñadores.
Cuando se vuelve a quedar dormido, encima de la mesa, aparece la marica mala/Reina/villana, vestido con una capa de Drácula y le deja como regalo un consolador, que claro, viniendo de quien viene, suponemos que está, como poco, usado o envenenado.
Negropollón, que es más guarra que las gallinas que aprendieron a nadar para follarse a los patos, en cuanto se despierta, se mete el consolador, sin lavarlo antes ni nada. Claro, así es como se cogen hongos y de todo, pero a él le da igual porque mucha faldita y mucha florecita pero lo que le gusta en realidad es un buen vicio.
Como era de esperar, el consolador estaba maldito y lo deja en coma. Los leñadores lo tumban en una cama (que es la misma de la primera escena), sujetando velas y llorando su muerte. Bueno, llorar llorar no lloran, pero es que estos actores tienen menos registros que Lidia Bosch, que ya es decir. Fijaos en que Negropollón, mantiene el consolador metido en el culo en todo momento. Si el papel requiere control de esfínteres, él controla esfínteres y punto. Eso sí que es ser un buen profesional.
Llega un príncipe. Esto se llama "Deus ex machina", es decir, arreglar todos los problemas porque sí. El príncipe es un rubiales que no pinta nada, pero llega, le da un beso a Negropollón y le saca el consolador del culo, como si fuera Excalibur.
El cuento acabaría con un "Y fueron felices y comieron perdices"...
...si no fuera porque uno de los leñadores se mete en medio a ver si puede pillar cacho. Es que ya no te puedes fiar ni de los leñadores del bosque, que en cuanto te descuidan te quieren levantar el príncipe azul.
Para Negropollón, que es una princesa liberal, así como muy del pueblo y negra chunga, no le supone ningún problema el compartir el príncipe y hace caso a Britney en eso de que los tríos molan.
Y el cuento acaba con el resto de los leñadores celebrando un final tan feliz y haciendo planes para alquilar un minibus e ir a Madrid para la semana Bear.





















Un saludo!
Ya no se hacen cuentos como los de antaño, en los que se usaban ordenadores del 1993 con windows 3.11