Historias de Chueca : Una doble con queso, por favor
La culpa es de Rob | 19 febrero 2008Abel Arana es a la literatura lo que el McDonalds a la gastronomía, y lo demuestra con su nueva novela "Historias de Chueca". Si tiene algo a su favor este hombre es su facilidad para llegar al gran público. Sabe lo que quiere, y cómo lo quiere.
Quiere escribir para gays que habitualmente no leen (una especie de ONG para maricas poco leídas) y lo hace hilando una serie de anécdotas, de esas que se cuentan con unas cuantas cervezas de más, sin ningún sentido ni coherencia argumental. No parece que estemos leyendo una historia, sino que nos la están contando. El único elemento de "unión" entre tanta anécdota es el "personaje" principal, un tal Miguel, absolutamente plano, que si se hubiera intercambiado por cualquiera de los personajes del libro, éste no se hubiera visto afectado en lo más mínimo. De hecho, si intercambiamos entre sí CUALQUIERA de los personajes del libro, nada cambia, las "historias de Chueca" seguirían siendo lo mismo y ni siquiera el lector se daría cuenta, porque llega un momento que da igual qué le pasa a quién, los capítulos no dejan de ser anécdotas y el lector espera a que llegue el momento culminante del gag para echar unas risas, qué más da quién sea el protagonista.
Debido a este caos en el que hunde la novela, tampoco se sabe qué pasa antes y qué después. Cada capítulo es un ejercicio de anacronismo donde Abel Arana se pierde en tiempos verbales y guiños "posmodernos" al lector. Si lo hiciera adrede, podríamos decir que estamos ante un genio de la literatura. Pero no nos engañemos, Abel no sabe lo que está escribiendo.
Para más inri, el intervalo entre gag y gag se hace aburridísimo porque no es más que relleno, de manera que el ritmo y la tensión de todo el conjunto es CERO. Casi al final de la "historia", pretende hacer llorar a los maricas que hayan aguantado hasta la página cien con un supuesto momento de drama, pero no consigue más que meterse en un jardín del que no sabe salir. ¿Cómo sentir pena por un personaje si nos da igual que el que la vaya a palmar sea él o otro cualquiera? Además, si algo tiene de bueno el libro son ciertos "puntos" de comedia (muy puntuales) y el drama pues como que se le da fatal al señor Arana.
Cuando pensaba que ya no podía ir a peor, llegó el final. Un final de mentira, poco creíble, da la impresión de que nos están engañando y que no es así como acaban las peripecias de estos maricas, que alguien (¿el autor?¿el narrador?) nos oculta la verdad. De hecho, una sucesión de anécdotas como ésta no necesita final, hubiera sido mejor, ya puestos, que hubiera dejado las historias abiertas.
En definitiva: Abel quiero que me devuelvas mis 18 euros o que en la próxima fiesta me invites a un par de cubatas. Y espero que en tu próxima novela, le des al público lo que pide pero con un poco más de buen hacer, que en lugar de un McDonalds seas un Fridays.
Debido a este caos en el que hunde la novela, tampoco se sabe qué pasa antes y qué después. Cada capítulo es un ejercicio de anacronismo donde Abel Arana se pierde en tiempos verbales y guiños "posmodernos" al lector. Si lo hiciera adrede, podríamos decir que estamos ante un genio de la literatura. Pero no nos engañemos, Abel no sabe lo que está escribiendo.
Para más inri, el intervalo entre gag y gag se hace aburridísimo porque no es más que relleno, de manera que el ritmo y la tensión de todo el conjunto es CERO. Casi al final de la "historia", pretende hacer llorar a los maricas que hayan aguantado hasta la página cien con un supuesto momento de drama, pero no consigue más que meterse en un jardín del que no sabe salir. ¿Cómo sentir pena por un personaje si nos da igual que el que la vaya a palmar sea él o otro cualquiera? Además, si algo tiene de bueno el libro son ciertos "puntos" de comedia (muy puntuales) y el drama pues como que se le da fatal al señor Arana.
Cuando pensaba que ya no podía ir a peor, llegó el final. Un final de mentira, poco creíble, da la impresión de que nos están engañando y que no es así como acaban las peripecias de estos maricas, que alguien (¿el autor?¿el narrador?) nos oculta la verdad. De hecho, una sucesión de anécdotas como ésta no necesita final, hubiera sido mejor, ya puestos, que hubiera dejado las historias abiertas.
En definitiva: Abel quiero que me devuelvas mis 18 euros o que en la próxima fiesta me invites a un par de cubatas. Y espero que en tu próxima novela, le des al público lo que pide pero con un poco más de buen hacer, que en lugar de un McDonalds seas un Fridays.



besos
ah... y cloverfield es una mierda hinchada por un marketing para gordas pajilleras como una catedral jajaja
más besos
Perez Galdós? Corín Tellado? Malena Gracia? Stephen Hawking?
Disculpe usted por las faltas Don Ganador del Pulitzer que es que escribo desde un teclado extranjero sin acentos ni "egnes"
jajaja
besos
y a ver si hacemos de una puta vez lo de los cubatas tronko